martes, 13 de enero de 2026
cuando un sitio del pasado se convierte en una silla eléctrica, y cuando deja de serlo
domingo, 11 de enero de 2026
empatizando hasta con las estaciones de buses
miércoles, 7 de enero de 2026
sobre el hacerse compañía a uno mismo y el decirle a tus amigos que los quieres
lunes, 5 de enero de 2026
cuatro años siendo yo
el otro día una persona que no es mi novio mostró atracción por mí y me sentí rarísimo. no en el mal sentido, claro, está bastante bien saber que eres visualmente agradable para el resto de personas fuera de tu relación (porque gracias a dios mi novio me dice que soy guapo todos los días). pero me dio una sensación rarísima, una sensación que siempre me da cuando noto que alguien se siente atraído por mí genuinamente (sobre todo cuando son mujeres heterosexuales) y no como una broma o como un reto. es algo difícil de explicar. no creo que todo el mundo pueda entenderlo. desde luego no todo el mundo puede sentirse identificado, por lo que sea.
entré en la adolescencia siendo considerado una chica (o más bien niña todavía) canónicamente fea. era feo con trece años, no pasa nada por decirlo. el problema es que era demasiado consciente del hecho de que no era la flor más bonita del jardín, y lo exteriorizaba mucho, demasiado, por culpa de la bajísima autoestima que tenía; y eso no sólo no me hacía la flor menos bonita del jardín, sino también la más marchita. se puede ser una flor un poco fea y no vivir marchita, desde luego. pero no era mi caso.
la movida es que crecí, y en algún punto nos confinaron a todos. y fue al estar encerrado en mi casa, al estar tan solo conmigo mismo y mis pensamientos, que me di cuenta de que algo no andaba bien. no estaba encerrado en mi casa, estaba encerrado en un cuerpo ajeno. lo cual tampoco es cierto, pero así lo sientes al principio de todo, cuando sientes que te ahogas bajo una piel que no es tuya, cuando eres incapaz de entender qué te está pasando pero sobre todo, eres incapaz de aceptarte. y cuando no te aceptas, te reprimes. y así lo hice. preferí ignorar el hecho de que los chicos y las chicas que me gustaban nunca me correspondían porque sólo podrían hacerlo si fuera feliz. si fuera yo. si fuera un hombre. que es lo que era de verdad.
dos años. dos putos años de silencio y tortura mental en los que nadie supo nada hasta que en algún punto me armé de valentía y me convertí en mí mismo. seguía siendo feo, pero mucho menos que antes porque podía respirar por primera vez en mi vida. ahí entendí que tu vida no necesariamente empieza cuando naces, sino cuando tú quieres empezar a vivir de verdad. así que podríamos decir que mi cuerpo tiene casi veinte años, pero vivo como tal tan solo llevo cuatro. no está mal, supongo.
la cosa es que esa chica fea que solía ser sigue dentro de mí. no puedo deshacerme de ella aunque quiera. y eso es bonito, porque al final es una versión más de mí mismo que he sido en algún momento. pero a veces me gustaría poder aceptar que puedo atraerle a la gente. que soy guapo, que estoy bueno, que soy atractivo, y que cuando mi novio me lo dice, lo dice de verdad. que no soy un impostor. que este soy yo. que ya no soy feo y que si le atraigo a la gente es por algo. que puedo ser deseado y que de hecho, lo soy. es extraño ser el deseo y no el que desea a veces. es muy difícil para mí ver que alguien puede ligar conmigo solo porque le atraigo y ya está, que realmente ven a un tío bueno más con el que quizá puedan darse unos besos (aunque yo no esté interesado en absoluto).
entonces, yo quiero mucho a mi yo de trece años, pero... quizá es hora de que vaya desapareciendo, de que coja sus cosas, sus sudaderas enormes, su media melena, sus chistes suicidas; que recoja todo y se vaya. porque este ya no es lugar para ella. su alma no cabe en este cuerpo, ya somos muchos. y necesitamos un poco de espacio para poder movernos, para poder respirar. aunque siga siendo muy poco fotogénico, ya hace tiempo que dejé de ser feo, y no puedo dejar que la baja autoestima de alguien que ya no existe siga controlando mi vida. me limitaré a dejar un ramo de flores sobre su tumba y a seguir. pero ya no puedo seguir cargando con un peso que hace años que no me corresponde.
hoy es 5 de enero y se cumplen cuatro años desde la primera vez que salí del armario con alguien. estoy enormemente orgulloso de ese chaval de quince años que no entendía nada, que lloró tanto, que pasó por todos los pronombres posibles, que rompió relaciones por no dejarse pisotear, que lo pasó tan horriblemente mal y estaba tan asustado y aún así decidió hacerlo, ser él mismo a pesar de todo. porque gracias a ese chaval me convertí en el hombre que soy ahora, y de no ser por él muy probablemente no estaría escribiendo esto. fue tan valiente. no tenía planes más allá de los diecisiete años y aún así aguantó. le debo mi vida entera y todos los días le agradezco por haberlo hecho aún con miedo, por haber seguido adelante a pesar de haberse sentido tan solo y de haberlo pasando tan mal como lo pasó. le agradezco por liberarme y hacerme darme cuenta de que mi cuerpo no es ninguna cárcel, que no estaba encerrado en ningún sitio, que este cuerpo mío no es ninguna maldición sino todo lo contrario. a veces pienso que dios, o quien sea, nos bendijo a las personas trans con estos cuerpos porque no podía quedarse el acto de la creación sólo para él, necesitaba compartirlo con alguien y nos eligió a nosotros. eso no es ninguna maldición. tener la capacidad de crear mi propio cuerpo es un regalo. qué suerte, ¿no?
transicionar salva vidas. felices cuatro años a mí mismo. te quiero.
jueves, 1 de enero de 2026
¿alguna vez te han roto el corazón en una lavandería?
he empezado este año bebiéndome por primera vez lo que se conoce como un porrón, que en contra de la creencia popular (y por desgracia), no es un porro grande. es una jarra con forma extraña, que te hace sentir un poco louis pasteur, la verdad, de la cual tienes que beber de forma también bastante extraña. no me acuerdo que llevaba. ¿vino? con naranja y maracuyá, creo. lo de la maracuyá lo sé fijo, porque sabía igual que la monster de mango. estaba peligrosamente rico, aunque no me subió demasiado. me eché todo por encima, supongo que aún tengo que cogerle el tranquillo. ahora mi bufanda apesta a alcohol. tendría que haberles dicho a mis padres que se la llevaran cuando fueron a la lavandería esta mañana. cuando trajeron la ropa recién seca, calentita, con el puto frío que hace estos días... fue maravilloso. es un tipo de magia que sólo tiene un sitio como ese.
yo siento algo muy fuerte por las lavanderías. no es sólo que huelan increíble, es que tienen mucho misticismo. siento que hay cosas que sólo pueden pasar ahí, que hay sentimientos nuevos, desconocidos, que sólo puedes encontrar dentro de una lavandería. es un sitio rarísimo, porque crea un tipo de relaciones que no encuentras en ningún otro lado. sois sólo tú y la otra persona que ha decidido ir ese mismo día en ese mismo momento. habéis quedado y ninguno de los dos lo sabéis. vais a compartir el mismo espacio durante por lo menos una hora, y ninguno de los dos tenéis ni idea pero os va a cambiar la vida. te preguntarás qué parte de los reels, reproduciéndose inocentemente a todo volumen en el móvil de la otra persona, o de la moneda de diez céntimos que le vas a pedir porque la calderilla no te llega para ese kitkat de la máquina expendedora que llevas pensando en comprar los últimos quince minutos, qué parte de todo eso te va a cambiar la vida, exactamente. que dónde está lo íntimo en todo ese asunto. y la respuesta está precisamente en el hecho de que no está pasando nada, no habláis, no os miráis, no hay gestos; ni siquiera ha levantado la mirada de sus reels para darte la moneda que te faltaba. pero os estáis comunicando. la conexión que estáis formando va más allá de lo espiritual. a partir de ese momento, sois almas gemelas. y el primero en irse dejará completamente destrozado al otro, y no veas cómo duele eso.
nunca me han roto el corazón en una lavandería, pero imagino que debe ser durísimo. que la persona con la que has construido una conexión emocional y que ya le habías cogido hasta cariño se vaya de repente... a mí desde luego me mataría. supongo que al final todos esos centrifugados no significaron nada para ti. quizá no me diste esos diez céntimos por ser amable, quizá simplemente todo te daba igual. imagino que debe de sentirse algo así. yo la verdad es que no tengo ni idea, porque normalmente lavo la ropa en mi casa. pero a veces paso por delante de una lavandería y me deleito con el olor, y ese olor me cuenta historias de gente que ha pasado por allí. a veces hasta me tiento a entrar y sentarme un rato, a ver si las secadoras quieren contarme algún secreto más. pero nunca lo hago. me da miedo que alguien me rompa el corazón en una lavandería. prefiero quedarme al margen del asunto, ser un mero espectador y dejar a las lavadoras en paz, que escuchar conversaciones ajenas está mal. a veces me pregunto también qué pasaría su hubiese una tercera persona en una lavandería. ¿serían cuernos? ¿poliamor? ¿o quizá sólo un personaje secundario? quién sabe.
feliz 2026 a todos. mucho cuidado con las lavanderías este año que vienen fuertes.