miércoles, 7 de enero de 2026
sobre el hacerse compañía a uno mismo y el decirle a tus amigos que los quieres
lunes, 5 de enero de 2026
cuatro años siendo yo
el otro día una persona que no es mi novio mostró atracción por mí y me sentí rarísimo. no en el mal sentido, claro, está bastante bien saber que eres visualmente agradable para el resto de personas fuera de tu relación (porque gracias a dios mi novio me dice que soy guapo todos los días). pero me dio una sensación rarísima, una sensación que siempre me da cuando noto que alguien se siente atraído por mí genuinamente (sobre todo cuando son mujeres heterosexuales) y no como una broma o como un reto. es algo difícil de explicar. no creo que todo el mundo pueda entenderlo. desde luego no todo el mundo puede sentirse identificado, por lo que sea.
entré en la adolescencia siendo considerado una chica (o más bien niña todavía) canónicamente fea. era feo con trece años, no pasa nada por decirlo. el problema es que era demasiado consciente del hecho de que no era la flor más bonita del jardín, y lo exteriorizaba mucho, demasiado, por culpa de la bajísima autoestima que tenía; y eso no sólo no me hacía la flor menos bonita del jardín, sino también la más marchita. se puede ser una flor un poco fea y no vivir marchita, desde luego. pero no era mi caso.
la movida es que crecí, y en algún punto nos confinaron a todos. y fue al estar encerrado en mi casa, al estar tan solo conmigo mismo y mis pensamientos, que me di cuenta de que algo no andaba bien. no estaba encerrado en mi casa, estaba encerrado en un cuerpo ajeno. lo cual tampoco es cierto, pero así lo sientes al principio de todo, cuando sientes que te ahogas bajo una piel que no es tuya, cuando eres incapaz de entender qué te está pasando pero sobre todo, eres incapaz de aceptarte. y cuando no te aceptas, te reprimes. y así lo hice. preferí ignorar el hecho de que los chicos y las chicas que me gustaban nunca me correspondían porque sólo podrían hacerlo si fuera feliz. si fuera yo. si fuera un hombre. que es lo que era de verdad.
dos años. dos putos años de silencio y tortura mental en los que nadie supo nada hasta que en algún punto me armé de valentía y me convertí en mí mismo. seguía siendo feo, pero mucho menos que antes porque podía respirar por primera vez en mi vida. ahí entendí que tu vida no necesariamente empieza cuando naces, sino cuando tú quieres empezar a vivir de verdad. así que podríamos decir que mi cuerpo tiene casi veinte años, pero vivo como tal tan solo llevo cuatro. no está mal, supongo.
la cosa es que esa chica fea que solía ser sigue dentro de mí. no puedo deshacerme de ella aunque quiera. y eso es bonito, porque al final es una versión más de mí mismo que he sido en algún momento. pero a veces me gustaría poder aceptar que puedo atraerle a la gente. que soy guapo, que estoy bueno, que soy atractivo, y que cuando mi novio me lo dice, lo dice de verdad. que no soy un impostor. que este soy yo. que ya no soy feo y que si le atraigo a la gente es por algo. que puedo ser deseado y que de hecho, lo soy. es extraño ser el deseo y no el que desea a veces. es muy difícil para mí ver que alguien puede ligar conmigo solo porque le atraigo y ya está, que realmente ven a un tío bueno más con el que quizá puedan darse unos besos (aunque yo no esté interesado en absoluto).
entonces, yo quiero mucho a mi yo de trece años, pero... quizá es hora de que vaya desapareciendo, de que coja sus cosas, sus sudaderas enormes, su media melena, sus chistes suicidas; que recoja todo y se vaya. porque este ya no es lugar para ella. su alma no cabe en este cuerpo, ya somos muchos. y necesitamos un poco de espacio para poder movernos, para poder respirar. aunque siga siendo muy poco fotogénico, ya hace tiempo que dejé de ser feo, y no puedo dejar que la baja autoestima de alguien que ya no existe siga controlando mi vida. me limitaré a dejar un ramo de flores sobre su tumba y a seguir. pero ya no puedo seguir cargando con un peso que hace años que no me corresponde.
hoy es 5 de enero y se cumplen cuatro años desde la primera vez que salí del armario con alguien. estoy enormemente orgulloso de ese chaval de quince años que no entendía nada, que lloró tanto, que pasó por todos los pronombres posibles, que rompió relaciones por no dejarse pisotear, que lo pasó tan horriblemente mal y estaba tan asustado y aún así decidió hacerlo, ser él mismo a pesar de todo. porque gracias a ese chaval me convertí en el hombre que soy ahora, y de no ser por él muy probablemente no estaría escribiendo esto. fue tan valiente. no tenía planes más allá de los diecisiete años y aún así aguantó. le debo mi vida entera y todos los días le agradezco por haberlo hecho aún con miedo, por haber seguido adelante a pesar de haberse sentido tan solo y de haberlo pasando tan mal como lo pasó. le agradezco por liberarme y hacerme darme cuenta de que mi cuerpo no es ninguna cárcel, que no estaba encerrado en ningún sitio, que este cuerpo mío no es ninguna maldición sino todo lo contrario. a veces pienso que dios, o quien sea, nos bendijo a las personas trans con estos cuerpos porque no podía quedarse el acto de la creación sólo para él, necesitaba compartirlo con alguien y nos eligió a nosotros. eso no es ninguna maldición. tener la capacidad de crear mi propio cuerpo es un regalo. qué suerte, ¿no?
transicionar salva vidas. felices cuatro años a mí mismo. te quiero.
jueves, 1 de enero de 2026
¿alguna vez te han roto el corazón en una lavandería?
he empezado este año bebiéndome por primera vez lo que se conoce como un porrón, que en contra de la creencia popular (y por desgracia), no es un porro grande. es una jarra con forma extraña, que te hace sentir un poco louis pasteur, la verdad, de la cual tienes que beber de forma también bastante extraña. no me acuerdo que llevaba. ¿vino? con naranja y maracuyá, creo. lo de la maracuyá lo sé fijo, porque sabía igual que la monster de mango. estaba peligrosamente rico, aunque no me subió demasiado. me eché todo por encima, supongo que aún tengo que cogerle el tranquillo. ahora mi bufanda apesta a alcohol. tendría que haberles dicho a mis padres que se la llevaran cuando fueron a la lavandería esta mañana. cuando trajeron la ropa recién seca, calentita, con el puto frío que hace estos días... fue maravilloso. es un tipo de magia que sólo tiene un sitio como ese.
yo siento algo muy fuerte por las lavanderías. no es sólo que huelan increíble, es que tienen mucho misticismo. siento que hay cosas que sólo pueden pasar ahí, que hay sentimientos nuevos, desconocidos, que sólo puedes encontrar dentro de una lavandería. es un sitio rarísimo, porque crea un tipo de relaciones que no encuentras en ningún otro lado. sois sólo tú y la otra persona que ha decidido ir ese mismo día en ese mismo momento. habéis quedado y ninguno de los dos lo sabéis. vais a compartir el mismo espacio durante por lo menos una hora, y ninguno de los dos tenéis ni idea pero os va a cambiar la vida. te preguntarás qué parte de los reels, reproduciéndose inocentemente a todo volumen en el móvil de la otra persona, o de la moneda de diez céntimos que le vas a pedir porque la calderilla no te llega para ese kitkat de la máquina expendedora que llevas pensando en comprar los últimos quince minutos, qué parte de todo eso te va a cambiar la vida, exactamente. que dónde está lo íntimo en todo ese asunto. y la respuesta está precisamente en el hecho de que no está pasando nada, no habláis, no os miráis, no hay gestos; ni siquiera ha levantado la mirada de sus reels para darte la moneda que te faltaba. pero os estáis comunicando. la conexión que estáis formando va más allá de lo espiritual. a partir de ese momento, sois almas gemelas. y el primero en irse dejará completamente destrozado al otro, y no veas cómo duele eso.
nunca me han roto el corazón en una lavandería, pero imagino que debe ser durísimo. que la persona con la que has construido una conexión emocional y que ya le habías cogido hasta cariño se vaya de repente... a mí desde luego me mataría. supongo que al final todos esos centrifugados no significaron nada para ti. quizá no me diste esos diez céntimos por ser amable, quizá simplemente todo te daba igual. imagino que debe de sentirse algo así. yo la verdad es que no tengo ni idea, porque normalmente lavo la ropa en mi casa. pero a veces paso por delante de una lavandería y me deleito con el olor, y ese olor me cuenta historias de gente que ha pasado por allí. a veces hasta me tiento a entrar y sentarme un rato, a ver si las secadoras quieren contarme algún secreto más. pero nunca lo hago. me da miedo que alguien me rompa el corazón en una lavandería. prefiero quedarme al margen del asunto, ser un mero espectador y dejar a las lavadoras en paz, que escuchar conversaciones ajenas está mal. a veces me pregunto también qué pasaría su hubiese una tercera persona en una lavandería. ¿serían cuernos? ¿poliamor? ¿o quizá sólo un personaje secundario? quién sabe.
feliz 2026 a todos. mucho cuidado con las lavanderías este año que vienen fuertes.
martes, 30 de diciembre de 2025
la tecnología ya no mola
cuando tenía diez años me dieron mi primer móvil. sé que era demasiado temprano para tener un teléfono, pero ese año había salido el pokémon go y yo sólo tenía una tablet, así que necesitaba un dispositivo con datos para poder cazar bichos fuera de mi casa. para que dejara de tocar los huevos, mi padre me dio uno que estaría guardado en alguna caja. era un iphone 4, aún me acuerdo de él. super pequeñito, todavía tenía el botón de inicio. los iconos de las aplicaciones tenían muchas texturas y colorines, bueno, todo en aquella época tenía mucho más color que ahora. ahora todo es blanco, minimalista y cutre. es horroroso.
bueno, en realidad, el negro y el blanco no son colores. de hecho, el negro son todos los colores a la vez. el blanco no. el blanco es la ausencia total de color. ¿no es triste? a mí me parece muy triste. es como no existir. o como vivir un invierno permanente. ethan me dijo el otro día que escuchó que estas están siendo las navidades más frías desde 2010. eso también me parece horroroso.
no me gusta nada el minimalismo. no sólo es triste, es que es aburrido. ¿por qué todo el mundo quiere las cosas simples y aburridas? ¿por qué ya a nadie le gustan los estímulos? ¿es que queremos dejar que se nos pudra el cerebro o algo? se nos inculca todo el rato la necesidad de "desconectar". ¿desconectar de qué, exactamente? ¿de todas las cosas horribles que están pasando? ¿vamos a dejar que sucedan y ya está? ya nadie quiere oponer resistencia a nada, y yo pienso que es ahora cuando menos deberíamos "desconectar". si no nos enteramos de lo que pasa en el mundo, ¿entonces qué? yo no quiero estar desconectado.
quizá estoy siendo muy dramático. igual no es para tanto. pero me puede la nostalgia, y necesito que vuelvan los móviles de tapa, las nintendos, la estética de principios de siglo llena de colores y texturas divertidas, los auriculares con formas raras, los ratones transparentes con líquido y una figurita dentro, los mp3. me encantaban los mp3. siempre quise uno y nunca lo tuve. estoy cansado de ver móviles cada vez más feos y que hacen más cosas por ti. parece que somos nuestros móviles en vez de personas. parece que ya no sabemos hacer nada. ¿para qué coño necesito una ia en whatsapp? es whatsapp, joder. de momento creo que sé mantener conversaciones con otras personas. pero al paso que vamos, parece que pronto la gente perderá esa capacidad también.
a veces pienso que la tecnología ha evolucionado demasiado. deberíamos habernos quedado en los teléfonos de tapa. con lo que molan esas teclitas... nos llamamos unos a otros y punto. y jugamos al snake. y si queremos acceder a internet, pues desde un ordenador. ¿no tienes? te vas a un ciber. así es como debería de ser. yo me iría a un ciber a ver tuiter, desde luego.
me cansa que todo sea plano y sin color. no sólo me cansa, me aterra. me da miedo porque es históricamente siempre lo mismo. uniformidad, censura, desinformación y gente domesticada y fácil de manipular. siempre justo antes del estallido de algo horrible, del comienzo de una etapa miserable para todo el mundo menos unos pocos, los de arriba. siempre son los de arriba los que mueven los hilos aunque no lo parezca. y me asusta muchísimo porque lo están haciendo de nuevo e incluso gente cercana a mí no parece darse cuenta. y es terrorífico, joder. ¿cómo pasamos de odiar a cualquiera que dijera algo racista hace unos años a que haya peña de mi edad votando a la ultraderecha? ¿cómo puede ser que estemos presenciando otra vez el auge del fascismo y que nadie haga nada al respecto? se supone que los jóvenes deberíamos rebelarnos y esas cosas, ¿dónde está la revolución que hace falta ahora mismo? si ni siquiera nosotros hacemos nada, es que estamos muy pero que muy jodidos.
tengo mucho miedo. y seguro que para muchos de vosotros es normal no tener miedo, porque no sois minorías, pero me apuesto el brazo a que hay gente a vuestro alrededor que sí lo es. una minoría no es sólo tu amigo gay. tu madre también lo es. los meterían juntos en la misma cámara de gas, probablemente. de hecho, lo raro sería que no nos metieran a todos en la misma, con la poca gente realmente privilegiada que hay en el mundo. es como ese pensamiento que tienen algunos obreros cuando defienden con uñas y dientes a sus jefes que les tienen explotados. así como ellos no van a heredar la empresa, a ti probablemente hitler no te perdonaría la vida, porque eres pobre igual que todos nosotros. o sea que quizá estaría bien protegernos los unos a los otros frente a unos millonarios que por muy bien que pienses que les caerías, no tienen ningún tipo de compasión por nadie y muy seguramente bombardearían tu casa sin pensárselo dos veces.
te preguntarás cuál es la correlación entre los teléfonos de tapa y esto. quizá no existe. pero lo que sí es cierto es que la forma en la que la tecnología está muriendo (o se le está dejando morir) es un indicador de recesión y está directamente relacionada con esta ideología que debería preocuparnos muchísimo en lugar de "desconectar" de todo. no necesitamos desconectar. necesitamos conectar unos con otros. necesitamos maximalismo, que muera el mármol, las formas rectas y el color beige. dejar la dopamina fácil, leer, estar informados. a riesgo de sonar conspiranoico, ahora mismo lo que menos nos hace falta es volvernos tontos. no puede ser que la gente ya no sea capaz ni de escribir un texto de diez líneas sin ayuda de la ia. eso también está relacionado con todo esto aunque mucha gente decida ignorarlo, porque ignorar las cosas es lo fácil. y nos gusta lo fácil, es normal. pero hay límites. uno no puede dejar que se le pudran así las neuronas. es muy triste.
no sé. me gustaría que el mundo dejara de ser una puta grisalla, la verdad. si tan solo todo volviese a tener color... aunque quizá eso también es parte de crecer. ¿será que cada año que cumples el mundo se vuelve un poco más gris, o será que por desgracia el fascismo nunca va a dejar de existir porque el ser humano es malvado por naturaleza? yo que sé. sigo queriendo un mp3. a ver si este año me compro uno por fin.