miércoles, 11 de febrero de 2026

manifestando un futuro en la capital británica

este fin de semana estuve en londres con mi novio. como todo lo que hago, fue un viaje de bajo presupuesto: tres días y medio, dos mochilas bajo el asiento del avión y una noche en el aeropuerto, porque ¿para qué pagar una noche más si tu vuelo de vuelta sale a las seis de la mañana y en verdad dormir en el suelo del aeropuerto de stansted no es tan mala idea? por supuesto que lo fue. pero aquella sensación de la que hablaba hace no mucho, la que me da en las estaciones de buses cuando pienso en cuál será el destino de todas las personas que están allí, volvió a mí durante aquellas ¿tres? ¿cuatro horas? que pasé tirado en el suelo, y de repente empatizaba con los cientos, miles de desconocidos que habían tenido la misma mala idea que yo y que estaban sufriendo las consecuencias el mismo día a la misma hora. me pregunto qué vuelos habrán cogido.

yo con londres tengo algo. no sabría decir el qué. ya llevaba llamándome la atención toda la vida, pero no fue hasta septiembre de 2022 que lo entendí. tres semanas estudiando en un pueblo muy pequeñito, al lado del sur de londres, oxted. de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. ni siquiera fui tanto a londres, lo cierto es que al tener que ir a clase sólo podíamos ir los fines de semana. pero esos pocos días me bastaron para saber que esa ciudad era para mí. no sé qué es lo que tiene londres que engancha tanto. desde luego no son sus calles sucias... pero quizá es ese transporte público que funciona tan bien, no como aquí. ¿qué más da perder el metro si el siguiente pasa en tres minutos? quizá es lo multicultural de todos su barrios, el no sentirte nunca un extranjero a pesar del idioma, porque desde luego que no eres el único.

el otro día, mientras miraba las vistas desde el tower bridge pensé que lo que realmente me llama es el hecho de que sea un lugar tan gigante, casi infinito, con tantos rincones y tantas cosas por descubrir y hacer. necesito mudarme a londres en algún punto de mi vida y caminar, descubrir cada esquina y cada detalle, a pesar del miedo que me da en realidad vivir en una ciudad tan masivamente gentrificada. no es como si vigo no fuera por el mismo camino... y casi es peor, porque vigo no es ni un octavo de lo grande que es londres. ¡y eso que en teoría es la ciudad más grande de galicia! pero tan grande no será si en casi veinte años de vida ya me la conozco prácticamente entera. joder, eso es lo que quiero: conocer londres tan bien como conozco vigo. total, este sitio ya lo tengo muy visto; su gente, sus calles, sus bares, sus cuestas. no echaría de menos la lluvia, porque a juzgar por este invierno, llueve mucho más aquí que en inglaterra. leí el otro día que galicia actualmente es el lugar en el que más está lloviendo de todo el planeta, pero no sé si es verdad. en fin. lo único que echaría de menos serían las vistas preciosas que tenemos aquí; londres no tiene las islas cíes, no tiene nuestros montes y no tiene nuestras playas. tampoco tiene el sireno, pero eso es un punto a favor de ellos. preferiría que nosotros tampoco lo tuviésemos. 

londres es bonito de una forma diferente. a mí es que me vuelve loco cualquier ciudad con mucha historia, me gustan los sitios en los que han pasado cosas. y si inglaterra no es de los países del mundo con más historia, entonces no sé cuál lo es. desde luego isr*el no. londres es una ciudad con mucho que contar, supongo que por eso me llama tanto y me da ganas de conocerla entera, de saberlo todo sobre ella. como si fuese mía. me gusta ir por cualquier callejuela y encontrarme de repente con una placa que me cuente algo que pasó ahí hace 200, 70 o 50 años. porque es eso: en londres (bueno, en inglaterra en general) han ocurrido muchísimos sucesos históricos, y de alguna manera siguen ocurriendo. al fin y al cabo, es una de las grandes urbes del mundo. y mola que puedas encontrarte con una placa, un cartel, algo, que te hable de algo que pasó hace no mucho, porque te recuerda que la historia sigue escribiéndose. se ve mucho si hablamos de música; inglaterra, a otra cosa no sé, pero a música no les gana nadie. la mejor música de la historia se ha hecho en el reino unido. y que les den a los estadounidenses. hay miles de sitios relacionados con la historia de la música que son super interesantes, y nada de eso fue hace tanto. por eso mola.

la primera vez que fui a londres, en 2022, me compré mi primer vinilo. revolver, de los beatles, mi disco favorito suyo. la segunda vez, al año siguiente, fui al abbey road. también quería ir a la casa donde vivió damon albarn en su infancia, pero está a tomar por culo del centro y no pude. ¿cómo no va a ser londres mi ciudad favorita si me encanta la música? no estaría mejor en otro sitio. para mí no existe otro sitio. estoy destinado a vivir ahí. yo ya me siento local. el otro día caminaba por esas calles larguísimas y pensaba en que algún día eso no sería turismo, sería un día normal yendo a hacer la compra. mientras eso no sea así, seguiré yendo a londres todas las veces que pueda y llevándome conmigo a todos mi seres queridos, enseñándoles cada rincón que conozca, para estén familiarizados cuando vengan a visitarme en un futuro. seguiré cogiendo los vuelos más baratos que encuentre, con la esperanza de que un día me quede allí el tiempo suficiente para poder facturar maleta. seguiré subiéndome a la parte de arriba de los double decker buses, como decían los smiths. seguiré llevándome la digicam para hacer fotos de las calles y de la gente, porque en una ciudad tan grande como londres, nunca vas a ver la misma cosa dos veces; pero ojalá la gente de londres me vea a mí más de dos veces por allí.

domingo, 1 de febrero de 2026

¿tener un blog y ser feliz son incompatibles?

siento haber desaparecido un poco. llevo algo más de medio mes sin escribir nada, me siento casi como si hubiese abandonado a un hijo... lo cierto es que no he estado escribiendo nada, no porque no quiera, claro; yo siempre estoy pensando movidas. sino porque no he tenido tiempo. todos estos últimos días los he tenido llenos de distracciones. hace poco hablaba de cómo con el paso de los años había aprendido que en la vida no siempre tienes un montón de cosas que hacer y que a veces tienes que aburrirte y aprender a pasar tiempo contigo mismo. irónicamente, después de publicar eso la vida no ha parado de darme interacciones sociales. no me quejo, no me vienen mal; pero me preocupa que todas estas distracciones hagan que deje de pensar. no hay que dejar de pensar. nunca. pero ¿porque es cuando soy más "infeliz" que más cosas se me ocurren para escribir? ¿será que escribir me hace daño? cuando estoy muy feliz no lo hago. pero a mí escribir me encanta, no quiero dejar de hacerlo. pero no quiero ser infeliz. si tan solo supiese escribir sobre cosas felices y no fuera una persona tan melancólica, tan nostálgica...

ayer fui al cine. hacia casi un año que no iba. ¡wow! ¿cómo puede ser tan cara la cultura? y ¿cómo puede ser que me gusten tanto las pelis y que las vea con tan poca frecuencia? soy un cinéfilo de mentira y deberían banearme de letterbox. pero es que es verdad, casi nunca veo pelis y no entiendo por qué. ¿será también por falta de tiempo? no lo sé. y eso que me encanta la sensación de salir del cine después de ver una peli muy buena, de esas que te cambian la vida, que hasta te dan ganas de ser como el personaje. eso fue lo que me pasó ayer con marty supreme. no lo de querer ser como él, porque el tío es un imbécil, digo que la peli es tan buena que me han dado ganas de jugar al pingpong. aunque no sé si se me daría especialmente bien.

también me ha recordado por qué llevo queriendo dedicarme al mundo audiovisual toda mi vida. tengo ganas de crear cosas, en general, pero siento que no estoy haciendo nada por cumplirlo. siento que me propongo mil cosas y nunca hago nada. ¿os acordáis del propósito de año nuevo de dejar de morderme las uñas? pues he fallado. supongo que seguiré intentándolo. tengo todo el año. malo será. también quiero hacerme el piercing de la ceja, y varios tatuajes. hoy estuve pensando cuáles y dónde me los haría, pero ni siquiera eso tengo claro. no tengo nada claro. me siento tan raro que hasta me he quitado el septum sólo porque pensé que ya no me queda tan bien como cuando tenía dieciséis años. quizá me lo vuelvo a poner. no sé. quiero tatuarme con tinta de colores. quiero tatuajes en rojo, en verde, en morado, en azul. en azul sobre todo. últimamente es mi color favorito. el azul eléctrico, en concreto. me dice muchas cosas. pero ay, tengo tantas ganas de tener tatus de colores que me preocupa un montón ser alérgico, porque al parecer muchísima gente lo es, y yo no soy alérgico a nada, así que por estadística seguro que me toca. en realidad creo que soy alérgico al kiwi. pero me da igual. me gustan tanto los kiwis que me los como aunque me pique muchísimo la lengua.

ya que hablo de tatuajes, hay otras dos cosas. la primera es que en realidad me da mucho miedo tatuarme, porque duele mucho. a ver, no, pero a mí me duele mucho porque tengo el umbral del dolor muy bajo. además, nunca he experimentado tatuarme en un estudio, entonces no sé cuánto duele. y no me gusta llorar delante de gente que no conozco. ¿y si lloro? la única experiencia que conozco es la de un ex tatuándome a handpoke en el suelo de su cuarto a las tres de la mañana. y eso dolió horrores. ¿a máquina dolerá más? todo me preocupa. pero necesito pintarrajearme todo el cuerpo, joder. no sé. ya veré.

la otra cosa es que con todo este rollo pensé: ¿y si me compro una máquina y aprendo a tatuar? pros: podría tatuarme a mí mismo, tardar el tiempo que sea necesario, llorar todo lo que quiera, retocármelos si hace falta y hasta podría tatuar a mis amigos o incluso sacarme un dinerillo tatuando a peña. contras: siento que se me daría fatal y me pondría muy nervioso y la cagaría un montón. y la verdad es que no quiero cagarla, más que nada porque son cuerpos de otras personas, ¿quién soy yo para intervenir en ellos? me parecería loco que alguien se dejara tatuar por mí sabiendo que puedo hacerlo mal y que la prueba de ello quedará para siempre en su cuerpo y en mi conciencia. pero nadie nace aprendido, ¿no? tal vez podría aprender. sería guay. o no. o quizá debería seguir dedicándome a escribir movidas y ya. o callarme. no sé.

si abro mi negocio de tatuajes os aviso para quien quiera pedir cita, supongo. ojalá no desaparecer otro mes entero. ojalá no me sienta tan bien como para que no se me ocurra nada sobre lo que escribir, pero ojalá no me sienta tan mal. un término medio tirando a bien yo creo que va guay de momento.

martes, 13 de enero de 2026

cuando un sitio del pasado se convierte en una silla eléctrica, y cuando deja de serlo

me parece muy bonita la intimidad de tener un sitio especial con otra persona. me refiero a los "donde siempre", lugares que frecuentas mucho con alguien que es especial e importante para ti con quien ya has llegado a ese punto de una relación en la que tenéis sitios, espacios, entornos que ya se hacen vuestros y de nadie más, incluso si hay más gente en ellos. me gustaría, sin embargo, que no fueran un arma de doble filo. porque ¿qué pasa cuando la conexión entre esas dos personas se rompe? ¿quién se queda con la custodia de ese sitio ahora?

yo, por suerte o por desgracia, he tenido muchos "sitios especiales" con diferentes personas. amigos, parejas, ¿qué más da? es igual de doloroso perder a un amigo que a un novio, a veces incluso más, aunque todo el mundo opine lo contrario. a nadie le gusta pararse a pensarlo demasiado porque saben que no es cierto. en fin. que he tenido muchos. y que tantos sitios sean "tu sitio" con otra persona es bonito, sí, hasta que todo se acaba y te das cuenta de que lo único que has hecho es coleccionar minas terrestres, y que ahora no puedes moverte porque cualquier paso en falso hará que todo salte por los aires. de repente una ciudad entera se convierte en una mazmorra llena de trampas, y esas trampas son recuerdos, y los recuerdos te ponen ansioso y te dan náuseas, escalofríos y mareos que, quieras o no, te dejarán en evidencia. y no sé si es peor hacerlo delante de esa persona en ese sitio que tenías intención de evitar, o avergonzarte tú sólo al entrar ahí y casi convertirte en un murciélago, diminuto y frágil, desmoronándote solo mientras la gente ve como te chocas repetidamente contra el cristal, tratando desesperadamente de escapar de ahí lo antes posible para no humillarte más, mientras todo el mundo se gira a mirarte y se ríen, todos se ríen y te señalan con el dedo y cuchichean. es posible que esa segunda opción sea la peor, porque de todas formas la persona a la que intentas evitar probablemente ya te ha hecho sentir humillación antes.

ayer fui a uno de estos lugares, uno al que solía ir mucho con un grupo de personas de los que gracias a dios ya no sé nada. y aún así, pese a no saber nada, a veces pareciera que siguen ahí, como una mosca zumbando detrás de mi oreja. honestamente solía prestarle más atención a ese zumbido de la que me gustaría admitir, pero hace ya bastante tiempo de eso; desde hace un buen rato solo escucho el silencio de una paz que sólo te da el rodearte de buenos amigos. y cuando ese zumbido vuelve de repente, porque esta ciudad es diminuta a pesar de sus larguísimas distancias, lo ignoro y ya está. no era tan difícil al final. pero al principio se hace tan cuesta arriba...

la cosa es que creo que ayer curé algo dentro de mí. una herida que estaba tan, pero tan profundamente dentro de mi cuerpo que ya ni siquiera me acordaba de habérmela hecho. pero parece que ahí estaba. no me considero una persona valiente, pero supongo que algo me poseyó ayer para decidir llevar ahí a nuevos amigos, personas que ni siquiera sabían de la existencia de este sitio. supongo que es lo que me sale hacer siempre: cuando quiero mucho a alguien siento la necesidad de enseñarle todo mi mundo, todo lo que se ha perdido antes de aparecer por casualidad en mi vida. ¿no es lo que hace todo el mundo? quizá no. no sé. pero el caso es que fui, y por primera vez en más o menos dos años, no se sintió como si me estuviesen apuntando con un arma todo el rato. y no voy a decir que no me estuviese comiendo vivo la ansiedad antes de ir, porque estaría mintiendo. pero no había ninguna silla eléctrica esperándome allí. no había nada. no pasaba absolutamente nada. estaba acompañado de buenos amigos, riéndome mucho, tranquilo. no pasé por ningún tipo de psicosis. debo decir que se me hizo bastante extraño.

no exagero cuando digo que hay sitios de esta ciudad a los que todavía no soy capaz de ir, porque muchas veces vivir aquí se siente literalmente como si me estuviera persiguiendo un león. por eso cuando no estoy aquí estoy mucho más tranquilo. pero es mi ciudad, no puedo escapar de ella porque siempre va a haber algo que me ate a este puto sitio, sea lo que sea. que la vida haya decidido ponerme a gilipollas, llamémosles por lo que son, en mi camino no quiere decir que no me haya encontrado y vaya a encontrarme con gente que caminaría conmigo incluso si no les digo a dónde voy. no pueden seguir atormentándome y jodiéndome sitios y experiencias personas de las que ya no sé absolutamente nada y que no podrían ser más insignificantes para mí ahora mismo, joder, no puede ser. 

voy a ir a estos sitios lo más recurrentemente posible, con quien sea. que sea mi presencia la que atormente a otra persona, a mí dejadme en paz. ya no oigo zumbidos. probablemente volveré a oírlos en un futuro, pero porque tendré acúfenos, porque estudio sonido y me voy a quedar sordo dentro de poco. y si me tengo que sentar en la silla eléctrica me sentaré, y que me manden las descargas que quieran. me da igual. ¿después de todo esto? mi cuerpo aguanta eso y mucho más.

domingo, 11 de enero de 2026

empatizando hasta con las estaciones de buses

es domingo y estoy en la estación de buses de coruña esperando mi bus a vigo. sale a las 20:00, pero yo si no llego una hora antes a todas partes parece que me voy a morir o algo. en fin. pienso mucho en las estaciones de buses y de trenes, y en los aeropuertos, porque son sitios que la gente usa para llegar a otros sitios. me dan un poco de pena. ¿se sentirán utilizados los aeropuertos? aunque yo no estoy en ningún aeropuerto ahora mismo. ¡quién me diera! el caso es que pensar en esta estación de buses me hace ser super consciente de repente del hecho de que cada persona tiene su vida. lo cual es evidente, claro, pero es como que de repente me golpea de lleno esa sensación rara que leí el otro día que al parecer tiene un nombre en inglés. voy a buscarlo.

sonder: the awareness that other people all have their own complex set of feelings and experiences”. así decidió definirlo alguien en inglés. básicamente, la consciencia repentina de que no eres el main character, de que el resto de la gente en el mundo no son actores ni nada así, sino que tienen sus propios cerebros y pequeños pensamientos, y preocupaciones, y sueños, e incluso vidas enteras de las que no tienes ni idea porque para ti son sólo desconocidos que ves por la calle, pero la cosa es que tú eres exactamente lo mismo para ellos. dicho así quizá mola un poco, porque me encanta no saber nada de nadie y que nadie sepa nada de mí. pero al mismo tiempo me encantaría poder saberlo todo sobre todo el mundo, todo lo que piensan y viven y sienten. no en plan cotilla, o quizá sí…

pero vaya, que el sonder este lo estoy sintiendo bastante ahora mismo. y joder, tengo las manos heladas. es que es fácil saber a dónde va toda esta gente, no hay más que ver a qué autobús se suben para hacerte una idea. pero, ¿qué harán al llegar? ¿irán a casa o estarán yéndose de casa? ¿a quién irán a ver? ¿a sus padres, a su pareja, a sus compañeros de piso? ¿y por qué irán? sus motivos tendrán, claro, pero yo no puedo evitar preguntarme todas estas cosas que no me incumben en absoluto porque no me debería incumbir ninguna vida que no sea la mía.

y ¿cuando yo me suba a mi bus? ¿alguien se preguntará a dónde voy yo? ahora ya ha pasado un rato, hasta me he encontrado con un compañero de clase, y estoy sentado en el bus. es más, ya hemos salido de la estación. ahora que mi bus ya no está, ¿alguien me echará de menos? ojalá que sí. yo también me encariño de desconocidos solo porque me parecen majos a veces. pero bueno, ya es de noche. son las ocho de la tarde y ya es de noche. me parece horroroso, odio el horario de invierno, pero de todas formas dedicaré todo el viaje a mirar por la ventana escuchando música y luciendo misterioso. si alguien se atreve a sentarse a mi lado soy capaz de morderle.

es curioso que un autobús me transmita tanta hostilidad y tanta paz al mismo tiempo. la hostilidad viene porque en cualquier momento alguien podría sacar una pistola y secuestrarnos a todos. nada asegura que al conductor no se vuelva loco y estrelle este autobús ahora mismo. la paz viene porque todos los que estamos aquí confiamos en que nada de eso va a pasar. durante las dos horas y media de trayecto hasta vigo, dejamos de ser desconocidos y formamos una relación algo más estrecha. no es como lo de las lavanderías que decía hace poco, es más formal. como un acuerdo colectivo de que no vamos a empezar a matarnos y comernos vivos los unos a los otros, sino que cada uno llegará a su destino sano y salvo.

pero ¿qué nos lleva a confiar tanto en el resto de personas de este autobús? ¿qué nos lleva a creer que vamos a llegar enteros a casa? yo creo que es el sentimiento de humanidad que se respira en este vehículo sin ventanas. el sonder otra vez. que no soy el único, que a todos de repente nos golpea la sensación de que cada una de estas personas vive su propia realidad y tiene sus propios problemas, pensamientos, aficiones, sueños, sentimientos. hay tantas vidas vividas en este bus. unas más largas que otras, pero todos estamos experimentando el estar vivos, probablemente por primera vez. igual algunos no. igual algunos ya llevan varias vidas, como un gato. no hay manera de saberlo. no creo ni que ellos mismos lo sepan. ¿y si yo también he vivido varias vidas diferentes antes de esta?

ahora ya me he metido yo solo la paranoia en el cuerpo y estoy completamente convencido de que cuando menos me lo espere el conductor va a estrellar el bus contra la estación de santiago. honestamente, yo también lo haría. espero que no pase, de todas formas. me gustaría llegar sano y salvo a mi casa, que mañana tengo clase.